Hay quienes piensan que se puede crear crispación permanentemente en un país sin que suceda nada. Que la crispación es un juego político, como otros juegos, pero que no cala en los ciudadanos. Estos aprendices de brujo, se divierten diariamente jugando a este War-Game particular sin darse cuenta de que, poco a poco, esa estrategia va calando en la ciudadanía y generando odios y tensiones en la población. Como en toda estrategia de confrontación, hay un momento en el que no hay posibilidad de vuelta atrás y todo se despeña ya por la pendiente del odio y la lucha fraticida de una manera cada vez más acelerada.
Algo parecido a esto ya nos sucedió en 1936 con las consecuencias por todos sabidas. Muchos pensamos, con la transición, que los españoles habíamos aprendido de la Historia y de errores pasados lo suficiente para no volver a cometerlos. La desaparición de la UCD y su sustitución por un partido más extremista, el PP, sin apoyos a su derecha, obligado a ocupar todo el espectro, ha complicado el panorama político español y nos arrastra legislatura tras legislatura, cada vez que no gana unas elecciones, a la catástrofe final. Vemos ya, en los sucesos de agresividad que se producen aquí y allí contra representantes políticos, que la estrategia de la crispación va calando en la población y no tardará mucho en que nos volvamos los unos contra los otros. Primero dialécticamente, como ocurre en estos blogs en los que se ve que la frontera entre ambos grupos es nítida y no una amplia tierra de nadie en la que poder transitar sin confrontarse con acritud y debatiendo educadamente, sin empecinarse, aceptando los argumentos del otro cuando son razonables.
Esta España cada vez se parece más al cuadro: Duelo a garrotazos de Goya. Dos grupos presos por el barro de sus prejuicios y sus torpes convicciones luchando sin cuartel uno contra otro hacia la destrucción mutua.

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