Ahora todo son parabienes a
Suárez que los merece sin duda por su gran labor en la liquidación del
franquismo y la transición a la democracia. El Rey le encargó la tarea de administra la herencia recibida de Franco y le nombró albacea, pero el problema es que Suárez pretendió quedarse con ella. La democracia española recién instaurada no podía ser creíble si
los ganadores de la guerra seguían gobernando la España de la monarquía durante
lustros, como estaba a punto de pasar. La UCD, un revoltijo de las derechas amalgamadas por el poder y desde el poder estaba a punto de convertirse en
un PRI a la española. "Alguien" se dio cuenta de ello y sorpresivamente el Presidente Suárez dimitió. La dimisión de Suárez fue el harakiri del último franquista. Con ello se pudo demostrar que con la Constitución recién aprobada, efectivamente, todos podían gobernar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario