En España, el aprovechamiento de los montes ha estado
encomendado a técnicos de montes, ingenieros de montes o agrícolas. Los ministerios del ramo han estado dirigidos por estos técnicos que normalmente carecen o carecían de una visión biológica del bosque y confundían este con otro cultivo más, como una plantación de pinos
o de cualquier otra especie arbórea. Repoblaciones, limpiezas y aprovechamiento maderero, resinero era su objetivo prioritario. Se buscaba su rentabilidad económica olvidándose de lo que son los bosques y de su valor medioambiental. Pero el bosque, el bosque mediterraneo, o el
bosque atlántico, los dos ecosistemas boscosos típicos de la Península Ibérica
son algo más que esas patéticas plantaciones de pinos o de eucaliptos. Son ni más
ni menos que el climax del proceso evolutivo de la sucesión ecológica. Esto quiere
decir que son los ecosistemas estables por excelencia. Cuando un bosque se
establece, mientras no cambien los factores climáticos, permanecerá estable
millones de años. Estos bosques naturales
han resistido sin repoblaciones, ni “limpiezas” ni sacas ni cortafuegos durante millones de años
a incendios y a todo tipo de calamidades. Nadie los plantaba, ni los
cuidaba, ni los limpiaba y a pesar de eso hace 2000
años Iberia estaba cubierta por árboles tan densamente que se decía que una
ardilla podía cruzar toda la península sin bajar al suelo. Anecdota que no por ser incierta refleja menos lo que era la Iberia, la Hispania romana. Ahora bien, en estos
bosques naturales coexistían árboles de variadas especies y edades junto con
espacios sin ellos y con sus estratos herbáceos y arbustivos. Toda una diversidad de
especies, de alturas y a nivel horizontal. Este bosque natural estaba biológicamente
adaptado al clima de Iberia y por lo tanto también a los frecuentes incendios. Pero los
bosques artificiales, los que ahora arden, no son bosques son monocultivos de una especie arbórea en los que frecuentemente se ha eliminado
el estrato arbustivo , limpieza lo llaman (qué aberración eliminar el estrato arbustivo y llamarle a esa amputación "limpieza"). Los árboles son de la misma edad y
del mismo porte con sus copas pegadas una a la otra dispuestos regularmente, en formación. Una plantación arbórea, no
la llamaré bosque, tarda en
desarrollarse 20 o 30 años cuando no 50 y en este dilatado espacio de tiempo es normal
que se pueda producir un incendio, lo raro sería lo contrario. Fuego al que
este ecosistema artificial no está adaptado y al ser los árboles de la misma
edad y del mismo porte, sus copas están a la misma altura, dispuestas regularmente y cuando se produce un
incendio es normal que toda la plantación arda. Y que no quede nada. Reforestar, limpiar, hacer cortafuegos -esas horribles tiras que como crestas cruzan nuestros montes- es inútil pues el
fuego tarde o temprano volverá y la regularidad de la plantación contribuirá a que nuevamente arda y nuevamente desaparezca. ¿Qué se puede hacer? cambiar la política que se
sigue con los montes de una manera radical. Hemos de decidir si queremos
cultivos de árboles, que no nos quepa la menor duda, tarde o temprano arderán,
o bosques naturales que resistirán mejor que peor, como siempre lo han hecho. Hay que acabar con los monocultivos, con los ejemplares todos de la misma edad, con la disposición regular, todo ello contribuye poderosamente a que cuando se produce un incendio, toda la masa arbolada arda.. Se puede repoblar, pero como hace la naturaleza. Olvidarse del bosque cultivo y sustituirlo por el bosque ecosistema. Puede que estos últimos
a corto plazo sean menos rentables, pero a largo plazo lo serán más. Un bosque
quemado no vale nada. Para ello es necesario encomendar el cuidado a nuestros
montes a técnicos con una visión ecológica del problema, con una visión a largo
plazo. Mientras nuestra política forestal esté a cargo de técnicos con una visión
economicista y a corto plazo nuestros montes seguirán ardiendo.

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