domingo, 26 de agosto de 2012

¿Arde el bosque?




En España, el aprovechamiento de los montes ha estado encomendado a técnicos de montes, ingenieros de montes o agrícolas. Los ministerios del ramo han estado dirigidos por estos técnicos que normalmente  carecen o carecían de una visión biológica del bosque  y confundían este con otro cultivo más, como una plantación de pinos o de cualquier otra especie arbórea. Repoblaciones, limpiezas y aprovechamiento maderero, resinero era su objetivo prioritario. Se buscaba su rentabilidad económica olvidándose de lo que son los bosques y de su valor medioambiental. Pero el  bosque, el bosque mediterraneo, o el bosque atlántico, los dos ecosistemas boscosos típicos de la Península Ibérica son algo más que esas patéticas plantaciones de pinos o de eucaliptos. Son ni más ni menos que el climax del proceso evolutivo de la sucesión ecológica. Esto quiere decir que son los ecosistemas estables por excelencia. Cuando un bosque se establece, mientras no cambien los factores climáticos, permanecerá estable millones de años. Estos bosques naturales  han resistido sin repoblaciones, ni “limpiezas” ni sacas ni cortafuegos durante millones de años a incendios y a todo tipo de calamidades. Nadie los plantaba, ni los cuidaba, ni los limpiaba  y a pesar de eso hace 2000 años Iberia estaba cubierta por árboles tan densamente que se decía que una ardilla podía cruzar toda la península sin bajar al suelo. Anecdota que no por ser incierta refleja menos lo que era la Iberia, la Hispania romana.  Ahora bien, en estos bosques naturales coexistían árboles de variadas especies y edades junto con espacios sin ellos y con sus estratos herbáceos y arbustivos. Toda una diversidad de especies, de alturas y a nivel horizontal. Este bosque natural estaba biológicamente adaptado al clima de Iberia y por lo tanto también a los frecuentes incendios. Pero los bosques artificiales, los que ahora arden, no son bosques son monocultivos de una especie arbórea en los que frecuentemente se ha eliminado el estrato arbustivo , limpieza lo llaman (qué aberración eliminar el estrato arbustivo y llamarle a esa amputación "limpieza"). Los árboles son de la misma edad y del mismo porte con sus copas pegadas una a la otra dispuestos regularmente, en formación. Una plantación arbórea, no la llamaré  bosque, tarda en desarrollarse 20 o 30 años cuando no 50  y en este dilatado espacio de tiempo es normal que se pueda producir un incendio, lo raro sería lo contrario. Fuego al que este ecosistema artificial no está adaptado y al ser los árboles de la misma edad y del mismo porte, sus copas están a la misma altura, dispuestas regularmente y cuando se produce un incendio es normal que toda la plantación arda. Y que no quede nada. Reforestar, limpiar, hacer cortafuegos -esas horribles tiras que como crestas cruzan nuestros montes- es inútil pues el fuego tarde o temprano volverá y la regularidad de la plantación contribuirá a que nuevamente arda y nuevamente desaparezca. ¿Qué se puede hacer? cambiar la política que se sigue con los montes de una manera radical. Hemos de decidir si queremos cultivos de árboles, que no nos quepa la menor duda, tarde o temprano arderán, o bosques naturales que resistirán  mejor que peor, como siempre lo  han hecho. Hay que acabar con los monocultivos, con los ejemplares todos de la misma edad, con la disposición regular, todo ello contribuye poderosamente a que cuando se produce un incendio, toda la masa arbolada arda..  Se puede repoblar, pero como hace la naturaleza.  Olvidarse del bosque cultivo y sustituirlo por el bosque ecosistema. Puede que estos últimos a corto plazo sean menos rentables, pero a largo plazo lo serán más. Un bosque quemado no vale nada. Para ello es necesario encomendar el cuidado a nuestros montes a técnicos con una visión ecológica del problema, con una visión a largo plazo. Mientras nuestra política forestal esté a cargo de técnicos con una visión economicista y a corto plazo nuestros montes seguirán ardiendo.

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